
Cada 10 años, de acuerdo a lo establecido por la Constitución Nacional, se realiza el Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas.
Me interesa subrayar algunas actitudes, lamentablemente bastante generalizadas, que parecen formar parte del "sentido común" en algunos sectores de nuestra sociedad. Este nivel de "acuerdo" en el modo de abordar un tema, se evidencia cuando nuestro interlocutor supone directamente que cualquier persona acordará básicamente en esos modos de comprensión y por lo tanto, no se ocupa de ocultar, suavizar o moderar sus opiniones, ya que espera que nosotros formemos parte de ese tipo de comprensión y seamos entonces solidarios con sus actitudes.
En el caso del Censo que se va a realizar dentro de 20 días, he encontrado muchísimas actitudes de gente que se niega a colaborar por distintos motivos, por ejemplo:
- "No le voy a abrir la puerta al censista, no hay que colaborar con este Gobierno y el Indec."
- "No me importa, voy a aprovechar para irme a pasear."
- "Ni loco soy censista, ese día descanso."
- "¿Vas a censar? ¡No te conviene, no es tanta plata!"
- "Tengo miedo de atender al censista por la inseguridad."
En casi todas esas reacciones se evidencia un sentido común según el cual "no coopero si no me conviene". Entonces: si soy opositor político del Gobierno, no coopero. Si tengo miedo, no coopero. Si implica algún tipo de sacrificio a mi bienestar personal, no coopero. Si la recompensa directa -en dinero- no es la suficiente, no coopero.
Algunas de estas actitudes me hicieron acordar a los problemas que hubo en las últimas elecciones para encontrar autoridades para las mesas de votación. En ambos casos, actividades de carga pública (que en otros casos, por ejemplo en las elecciones de 1983, eran motivo de orgullo), de las cuales dependen acciones fundamentales (el funcionamiento -maltrecho, pero funcionamiento al fin- del sistema democrático, la planifición de políticas públicas -maltrechas, pero políticas públicas al fin-) y básicas para el funcionamiento de un Estado.
Lo que termina por llenarme de indignación es que las mismas personas que se burlan cínicamente de estas actividades y miran con cara de "sos un pobre pibe" al que, como yo va a participar activamente de este censo, son las que no se cansan de decir cosas como:
-"¡Estos políticos corruptos que hacen todo para beneficio personal!"
-"¡No paran de arruinar a nuestras instituciones democráticas!"
- "¡Estas maniobras no pasan en los países serios! , en Chile por ejemplo... en Brasil por ejemplo..."
Y así hacen gala de su doble standard para juzgar sin involucrarse, quejarse sin participar, y opinar sin informarse. Jamás pueden imaginar -exigiría un esfuerzo que salga de la crítica vana que se hace desde el sillón de casa- que las políticas públicas requieren de esta cooperación, que es de todos.
Son las mismas personas que creen que la ley siempre está hecha para los otros -sobre todos si esos otros son pobres-, mientras que ellos pueden elegir de acuerdo a su conveniencia si la respetan o se consideran exceptuados. Las mismas personas que cuando los asaltan salen a clamar mano dura y se indignan ante el mal funcionamiento de la justicia, pero no dudan en coimear a un policía para no pagar una multa.
En fin, toda esa gente que parece saber muy bien por qué no vivimos en un "país serio" (por los otros, siempre por los otros) y actúa solamente pensando en lo que le conviene como individuo y, sobre todo, creyendo que esa es la forma normal en la que todos nos manejamos.
Sí respeto -aunque no comparto- las posturas anarquistas que sostienen la no cooperación con estas políticas estatales, porque piensan -para decirlo rápida y simplemente- que todo Estado es represor y opresivo.
Pero para los que exigen que el Estado los cuide, invierta en infraestructura, eduque, proporcione salud y vivienda. En fin, para los que creen que tienen todo para exigir y no son capaces de cooperar. Para los que hablan pestes de todo lo estatal a la vez que se llenan los bolsillos haciendo negocios con el Estado o amparados en él. Para los que se creen solidarios porque el día en que a ellos se les ocurre hacen una donación, el día en que a ellos les parece le regalan a otro lo que les sobra, sólo tengo algo para decirles.
¡Soy censista!





